Daniel's profileMetempsícosisPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
May 13 De entre toda la naturaleza....“De entre toda la naturaleza, sólo a los humanos lo natural les es extraño” Khalil Gibran, La Procesión
“La inocencia no tiene edad” Gómez de la Serna
De regreso a la inocencia los cuerpos como palabras verdaderas -al fin- desnudas de sus máscaras, despojadas de ese “oscuro antifaz”, esa manera de “disimular la ansiedad”, los ojos pudieron posarse, como manos, en la piel, reconocer al otro como humano, como ser natural ante el ente social.
Perdiendo las dobles intenciones, la capacidad de engañar, los intereses mezquinos, la clase social, la clase cultural, la raza, los prejuicios, la religión, la propiedad privada, el egoísmo, en fin, venciendo la separatividad, esa cualidad tan humana de sentirnos alejados, solos en el mundo.
Tres de la mañana, y el Zócalo, revelándose, abriéndose una vez más a lo que siempre ha sido: centro de ritos, cismas, manifestaciones, centro del pueblo. La oscuridad es total, pero ya las filas son largas, pasan camarógrafos, cual evento político, mero circo. Qué poco puede saber una sociedad contaminada de morbo por los “mass media”, con los deseos subyugados por la iglesia, ojos y manos atados tras el efímero, etéreo y vacuo “éxito”. Qué poco puede saber, con los sentidos abotargados…y el miedo, ese aliado bendecido por el poder. Qué poco puede saber cuando la gente –alguna- abre los ojos, arrebata los micrófonos, las cámaras y le muestra –desnuda- su miseria moral. Y entonces, al menos, vamos obteniendo más tuertos, menos ciegos.
“One, two, three…Now, Mexico City Naked” dice Tunick. Y entonces en el Zócalo nacen flores, el agua regresa al templo mayor, las chinampas reclaman su espacio. Un mar de pieles rosas empieza a ondear buscándose, alineándose, ubicándose, entendiendo al otro.
La dificultad comienza aceptando el propio cuerpo, primer obstáculo. Después: mostrarse, abierto, sin mentiras, sin máscaras, sin muletillas visuales al otro, una vez asimilado lo propio, reconocer la revelación del otro. Vencer la vergüenza ante miles de humanos desnudos, ante alguien que no tiene nada que ocultar, que no sólo te acepta como eres y como es, sino que así os busca. Los ojos procuran el cielo ante la barrera que siempre nos ha separado, ese pudor perversamente inculcado que nos ha forzado a ver los cuerpos como objeto sexual, como un dulce esperando a ser desenvuelto, para entonces ser devorado, cogido. Cuando el mecanismo de represión se pierde (la ropa), el argumento represivo se invalida, y entonces…emerge la inocencia, de lo más profundo del inconciente. La plena aceptación del ser, su concreción: el cuerpo lo es todo, el cuerpo tiene mente y vida, el cuerpo es la existencia: aceptado el cuerpo, uno existe; aceptados los demás cuerpos ellos existen, sólo entonces todos somos uno.
Siete de la mañana, y por otra hora y medio más: del Zócalo se apropió la naturaleza, uno y otro: “égalité, liberté, fraternité”, nunca 19,000 almas tan unánimemente cercanas a la revolución. Protesta ante los grandes yugos: las tradiciones (saludo a la bandera, sin bandera, desnudos), la iglesia (demostrando subyugados los cuerpos ante la catedral), el gobierno (la mano izquierda levantada, y el “voto por voto, casilla por casilla” coreado por la masa de desnudos en 20 de noviembre), el machismo despreciado por las mujeres ahí presentes.
¿Cómo asumir 19,000 pieles? Los ojos se colman y la mente, de a poco, empieza a ver las cosas como son: libres de subjetividad, cabalmente. Hay distintas maneras de obtener el conocimiento, la más sabia es la reflexión, la más fácil es la observación, la más amarga (y por tanto más intensa) es la experiencia. La intensidad del domingo fue vibrante. Asumir la desnudez, dejar de ver cuerpos y entonces ver personas. Lo paradójico en el desnudo (individual, en pareja o en masa)…cuando la intención es pura: deshacerse de la ropa para estar plenamente en contacto con el centro espiritual de la persona. Nos veíamos cara a cara, cuando cotidianamente nos ignoramos. La gente se hablaba, se reconocía, hubo comunión entre extraños. El muro cayo. En la historia de la humanidad, ¿Cuándo se habían visto tantos cuerpos desnudos? De los millones de seres en este mundo, desafortunadamente tan solo veinte millares hemos podido tener tal experiencia.
Libres de apegos o aversiones se creo un espacio en el que el hombre fue hombre, y nada más. Esa es mi patria: el cuerpo, los cuerpos y la existencia en el mundo.
El moño, las pestañas, las pupilas, ALREDEDOR NO HAY NADA |
|
|